Bienvenido al Hotel L'Antoine de Paris

En el corazón de uno de los barrios más pintorescos de París, es donde se ubica el hotel l’Antoine, en el emplazamiento de un antiguo convento del siglo XVII. En sus alrededores, los numerosos talleres de ebanistas tradicionales han dejado paso a las tiendas de moda más modernas, pero el ambiente de este barrio en otro tiempo revolucionario y trabajador sigue siendo muy animado. Surcado por incontables pasajes adoquinados que esconden igual número de patios interiores, el Faubourg Saint-Antoine ha sabido conservar su encanto de antaño. A un paso de la place de la Bastille y no muy lejos del famoso Marais, el hotel l’Antoine es un hotel **** para todos los visitantes que deseen sumergirse en la efervescencia de una capital moderna que no ha renegado de su pasado.

UN SERVICIO DE ALTA CALIDAD

Inaugurado recientemente, el hotel l’Antoine ofrece todas las prestaciones y comodidades para una estancia lograda.

  • Recepción permanente 24 h, 7 días a la semana
  • Idiomas hablados: inglés, alemán, español, italiano, portugués, ruso y japonés
  • 38 habitaciones contemporáneas de 12 a 30 m2, con todas las comodidades y minibar
  • 1 Habitación para personas con movilidad reducida, disponible bajo petición
  • Lounge con honesty bar
  • Spa con sauna y fitness
  • Desayuno tipo bufé o en la habitación
  • Posibilidad de cenar en la habitación de 18 h a 00.30 h
  • Servicio de conserjería
  • Servicio de lavandería
  • Consigna de equipaje
  • Wi-Fi gratuito

EL ESPÍRITU DEL FAUBOURG

¡La coherencia de la heterogeneidad! Tras este oxímoron que resume perfectamente la decoración del hotel l’Antoine, se expresa una vez más el fértil talento de Christian Lacroix. El creador ha captado de forma admirable el espíritu y la evolución del Faubourg para encajar mejor el hotel en su historia y su tradición artesana a través de multitud de detalles.

Baldosas de patchwork con motivos retro multicolores; pavimento de listones de distintos tonos; moqueta gruesa; azulejos de pared de metro metalizados; papel pintado y toldos ilustrados; paneles de madera o de tela; trompe-l’œil en gran cantidad; motivos florales, barrocos, arlequines, dril de rayas, collages para álbumes de recortes, grafitos o sobreimpresiones; colores suaves, acidulados, vivos, incluso fluorescentes; colgaduras de telas naturales o terciopelos sofisticados; muebles de creación, románticos o contemporáneos, de madera o metal.

Estos son algunos de los elementos cuidadosamente seleccionados por Christian Lacroix, que no se ha reprimido ninguna fantasía ni ninguna combinación a veces audaz, para componer el universo extravagante, forzosamente único y, no obstante, cálido de l’Antoine. ¡Un hotel que no se olvida!

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